El contenido generado por el usuario muestra un producto en hogares reales y sobre cuerpos reales: la foto ante el espejo de una clienta con un vestido, un vídeo breve desempaquetando un bolso, la foto de una reseña de unos zapatos tras un mes de uso. Los compradores lo leen como prueba porque el vendedor no lo preparó, y por eso suele aparecer junto a las imágenes de producto o en la sección de reseñas. El contenido de creadores pagado hecho con el mismo estilo también suele llamarse UGC, pero es un encargo y debe presentarse como tal.
Una publicación pública no da a una marca el derecho a reutilizarla. Poner la imagen de un cliente en una página de producto o en un anuncio requiere el permiso de quien la creó y, cuando aparece otra persona reconocible, a menudo también el suyo; el contenido encargado debe venir con un acuerdo escrito sobre usos, periodo y edición. Muchos marketplaces exigen que los vendedores sean dueños de las imágenes que suben o tengan los derechos para usarlas. Una petición clara, registrada por escrito, y una mención cuando se haya acordado son la práctica habitual.
El contenido de usuarios rara vez cumple las normas técnicas de una galería: la luz es irregular, el fondo recargado, el producto queda en parte oculto y el color está desplazado por la cámara de un móvil. Su sitio está junto a las imágenes de producto, no en su lugar, y no debe editarse para parecer mejor que el original, ya que su valor está en no haber sido tocado. Antes de reutilizarlo, comprobar que el artículo que aparece es la versión actual y del color correcto evita prometer algo que la ficha ya no vende.
