La suavidad de una luz depende de su tamaño en relación con el producto, no de su intensidad. Una bombilla desnuda o un flash son un punto pequeño: proyectan sombras de borde duro y brillos pequeños y deslumbrantes. Dentro de una softbox la luz rebota en un forro reflectante y atraviesa una o dos capas de tela difusora, de modo que todo el panel frontal se ilumina. Acercada al producto, la misma caja da una luz más suave; alejada, más dura.
La forma de la caja se elige según el sujeto. Una caja rectangular conviene a productos y prendas, una caja estrecha y alargada, el stripbox, traza un brillo limpio a lo largo del lateral de una botella o del contorno de una chaqueta oscura, y una caja octogonal es habitual en las imágenes con modelo, donde deja un reflejo redondo en los ojos. Para una modelo, la caja tiene que ser lo bastante grande para iluminar la figura de forma uniforme de los hombros al bajo; una caja pequeña ilumina el pecho y deja los pantalones y los zapatos en sombra.
Sobre cualquier superficie brillante la softbox aparece en la imagen como un rectángulo luminoso: en el vidrio, el charol, el satén y el metal pulido ese reflejo forma parte de la imagen, por lo que su posición se elige moviendo la caja hasta que el reflejo siga la forma del producto. Una sola caja muy a un lado deja una mitad de la prenda más oscura que la otra, lo que puede leerse como un tejido de dos tonos; un reflector o una segunda luz en el lado opuesto lo equilibran.
