La luz tiene un color propio: una bombilla es cálida y amarilla, la sombra abierta es fría y azul, y la luz de día a mediodía queda entre ambas. La cámara lo corrige para que un objeto blanco salga blanco. Cuando la corrección falla, todos los colores de la imagen se desplazan a la vez, y un jersey crema fotografiado bajo una lámpara se ve amarillo.
En las fotos de producto la dominante importa porque el comprador juzga el color por la imagen, y un producto que llega en un tono distinto del mostrado decepciona. Fotografiar cerca de una ventana con luz de día, con las lámparas de la habitación apagadas, evita la mezcla de luces. Una hoja de papel blanco en una toma de prueba revela la dominante de inmediato: si el papel no es blanco, tampoco lo es nada de lo demás.
