El retoque cubre los pequeños defectos que una cámara no puede evitar: polvo sobre una prenda oscura, pelusas y pelo de mascota, arrugas de doblado, un hilo suelto, un reflejo en el cristal de un reloj, un color que salió demasiado cálido. Recortar el producto de su fondo e igualar el color en una serie suelen formar parte del mismo trabajo, para que cada imagen de una colección parezca salida de una misma sesión.
La línea que importa al comprador separa corregir la imagen de cambiar el producto. Quitar una arruga del transporte es limpieza; quitar bolitas, estrechar una costura, avivar un estampado descolorido u ocultar una rozadura en un artículo usado falsea lo que va a llegar. Muchos marketplaces indican que las ediciones no deben cambiar el aspecto del artículo, y algunos no aceptan en absoluto fotos editadas de artículos de segunda mano.
El retoque excesivo se nota. Un tejido demasiado suavizado pierde su textura y parece plástico con el zoom, un recorte con un borde duro o con halo parece pegado, y un color forzado para impresionar ya no coincide con el tinte real. Una rutina sensata es retocar a partir del archivo original, comparar el resultado junto al producto a la luz del día y revisar los bordes y el tejido a tamaño completo antes de subirlo.
