El orden importa. Primero se ajusta el balance de blancos, para que las zonas neutras sean neutras; después el brillo y el contraste; y solo entonces el color propio del producto, juzgado con el artículo junto a la pantalla a la luz del día. Si un color sigue sin cuadrar, un ajuste selectivo de ese tono solo lo corrige sin teñir el fondo ni otros productos del encuadre.
Algunos colores son difíciles para las cámaras. El azul marino y el índigo tienden a derivar hacia el violeta, los rojos saturados pierden su textura, el tejido negro adquiere un matiz azul o marrón, y dos tejidos que coinciden con una luz pueden diferir con otra, un efecto llamado metamerismo. Son los colores que hay que revisar uno a uno, y en una serie de variantes de color cada variante se corrige frente a su propia muestra.
La corrección busca la verdad, no el atractivo. Subir la saturación o la calidez para que un producto parezca más rico crea una distancia entre la ficha y el paquete, y esa distancia lleva a devoluciones. Una foto recoloreada para mostrar otra variante también se contrasta con el artículo real, porque los tintes y las texturas no responden a la luz de la misma manera. El archivo corregido se guarda después en sRGB para que el resultado llegue al comprador sin cambios.
